PARAULES AMB AROMA

Tinc una planta i l'acabo de batejar amb el nom d'Aroma. El seu perfum embriaga de tal forma que les hores es desdibuixen en un temps, on les agulles del rellotge marquen minuts inexistents. Les seves fulles desprenen energies que no es deixen veure però que impregnen l'espai de poesia. Aroma és menta, aroma és amistat.

26 de juliol 2017

CUIDATE

Nos conocimos con brevedad, un segundo y en el minuto siguiente usted ya había desaparecido como por arte de magia. Tengo que decirle que tuvo la descortesía de marcharse sin decir adiós; de no sospesar sus acciones, de dar besos sin valor y lanzar palabras puntiagudas. Y ahí está la cuestión, no sé si voy a saber explicárselo, pero al menos lo voy a intentar: su palabra se me clavó traspasando mi escudo protector y, se coló en mis aposentos; desde entonces ando como loca, haciendo disparates que ni se puede imaginar. No sé a qué hora me acuesto ni a qué hora me levanto, ni si es de día o de noche, si hace frío o si hace calor. Y sabe: su palabra lleva instalada tanto tiempo en mi recámara que se ha convertido en parte de mi alma. Su palabra y yo sonamos a repique de campanas, y sé que mientras escuche sus vibraciones me será imposible morir. Su palabra suena y mi día se convierte en melodía. Escribo, ya lo sabe. Y es en este tiempo donde aparece su sonrisa tan rectilínea, tan peculiar, impregnada de silencios circulares. Le queda también a su fisonomía ese saber callar; trescientos sesenta grados de discreción que iluminan mi borrasca mental. Todavía le oigo llegar, y sin poder evitarlo mis sentidos se agudizan; qué extraño es que ese silencio tan absoluto suyo pueda resonar tan cerca de mi; que suene a tan “ojala pudiera contarte, explicarte, decirte”. Y yo, deseando poder mostrarle como he regado, cuidado, amado su palabra (su tesoro, su regalo, su ángel), poder revelarle como ha ido creciendo con los años; me gustaría tanto que pudiera acariciarla, aunque sólo fuera por un minuto devenido a segundo. Me complacería tanto poder regalarle 69 textos generosos, llanos, azules acompañados al compás de una melodía hechizadora: At Last-Beyoncé (Etta James).

Diviértase, dance, sonría. Felices vacaciones!!!

@paraulesambaroma

Badalona, 26 de juliol de 2017



23 de juliol 2017

EL ANGEL DEL RETIRO

El Ángel del Retiro:

Cuando Anna cumplió seis años sucedió algo especial. Algo que la marcaría para el resto de su vida.
Anna era una niña tímida, de pelo castaño, ojos grandes y oscuros y boca pequeña, que como la mayoría de los niños, tenía una gran imaginación y a menudo fantaseaba inventando historias. Estaba convencida de que por las noches la visitaban ángeles en su habitación, que jugaban con sus peluches, que se escondían por debajo de la cama o se colaban en sus zapatos y como eran muy transparentes y ligeros nadie podía verlos. Estaba casi segura de que si cerraba los ojos podía volar con ellos, bastaba con concentrarse y decir las palabras mágicas, y cuando su mama apagaba la luz de la habitación tenía que tener cuidado para que los ángeles no hiciesen ningún ruido y llamasen la atención de su mama.
Anna vivía con sus padres y su muñeca de trapo a la que le faltaba una pierna y ella la llamaba cojita, vivían en un piso pequeño y enfrente había un huerto enorme donde los vecinos cultivaban tomates, judías, patatas y otras hortalizas. Algunos días Anna se escapaba a aquel huerto con sus amigos a jugar y a veces cogían algún tomate de las tomateras ¡Cómo olía a tomate! y si los descubrían salían corriendo, también había plantadas flores: jazmines, rosas, margaritas, albahacas, tomillo…A Anna le gustaba mucho aquel lugar y creía que también allí habitaban duendes, hadas y ángeles; aquel huerto era un lugar mágico.
En el huerto había una pequeña cabaña. Era de color madera, y el papa de Anna un día le había contado que allí, en aquella caseta, se reunían por la noche todos los ángeles para decidir las buenas acciones que debían realizar al día siguiente. También le contó que nadie sabía quién había construido aquella choza y que para asombro de todos los vecinos había aparecido un día de la nada.
Anna, a la que le gustaban mucho los cuentos, se quedó impresionada. “Cuando sea mayor, le construiré un palacio a mi ángel de la guarda”, dijo, y su papa se puso a reír y dijo cuando seas mayor dejarás de creer en los ángeles, y te fijarás en los chicos. Su papa le removió los cabellos y la abrazó.
Anna aún era pequeña para pensar en jóvenes y el único hombre que habitaba en su vida a parte de su papa, era su vecino Pim, un niño que vivía al lado de su casa y que a veces le dejaba utilizar su bicicleta.
Un día, Pim estaba sentado en el bordillo de la acera y justo Anna pasaba en ese momento por allí y Pim le dijo ¿Quieres que vayamos a coger tomates?, le preguntó mientras saboreaba un helado de chocolate. Anna le dijo que sí. Pim se levantó, se acercó a ella la cogió de la mano y salieron corriendo hacia el huerto.
Siempre habían sido amigos y Pim, pelirrojo y con pecas en la cara, siempre la chinchaba con los ángeles y como él no creía en ellos le decía cierra los ojos y pídele a tus ángeles que nos traigan muchos juguetes para jugar. Pim le había prometido a Anna que, algún día, él le pintaría un ángel azul para que ella pudiese tenerlo siempre en su habitación. Pim y Anna iban juntos al colegio y eran muy amigos y juntos se inventaban historias y se morían de la risa. Si Anna hubiera creído que las estrellas se podían coger, Pim se habría convertido en astronauta y le habría bajado una del cielo.
En la mañana de su décimo cumpleaños, Anna fue de excursión con los niños de su clase al Parque del Retiro. Como era su cumpleaños ella podía pedir lo que quisiera y eligió visitar el Palacio de Cristal. El sol lucía con fuerza y el maestro Don Ángel, les había dicho que les contaría un cuento y que luego harían un dibujo sobre el cuento y cada uno daría una explicación en clase sobre su dibujo. Todos los niños se sentaron en círculo debajo de un árbol y don Ángel empezó a contarles: -érase una vez, en un lejano país, una princesa tímida llamada imaginación. Su voz sonaba como la música y, cuando hablaba, todos dejaban de  hacer lo que estuvieran haciendo para escucharla. Un día soleado, como el de hoy, cogió una pluma de ave y, mientras todos esperaban que hablase, ella escribió un poema y lo titulo así: El ángel dorado.
Ahora niños ya podéis empezar a pintar vuestro dibujo. Anna se puso loca de contenta cuando Don Ángel haciendo honor a su propio nombre había pensado en un ángel para su historia, ¡con lo que a ella le gustaban los ángeles! Los niños se sentaron en mantas y sacaron sus cuadernos y colores, y comenzaron a pintar con afán cielos azules y ángeles de todo tipo, elegantes como pavos reales, o delgados como palillos. Anna tenía claro el ángel que ella quería pintar, de sus alas saldrían destellos dorados, rosados y azulados, sus alas tendrían todos los destellos que los fuegos artificiales producen en el firmamento. Y mientras la mayoría, se entretenía con el cielo y las nubes, ella dejó de mirar el cielo para centrarse en los rasgos que tendría su ángel. Sacó su caja de colores y entusiasmada se puso a pintar. De pronto lo vio delante de ella, era moreno, tenía los cabellos largos, los ojos pequeños y la boca entreabierta. Allí, en el césped, delante de Anna estaba posando un ángel.
Una hora más tarde Don Ángel los llamó para que le enseñasen sus dibujos. Cuando le llegó el turno a Anna el profesor se quedó asombrado y le dijo -Anna, tú no te has movido de ahí verdad. A lo cual la niña le respondió que no se había movido de donde estaba sentada y le señaló al profesor el lugar donde había estado pintando. El dibujo era una copia casi perfecta del ángel caído, una estatua que no se encontraba muy lejos de donde ellos estaban, pero lo único que variaba del ángel caído, es que el dibujo de la niña no era gris, todos los colores del arco iris iluminaban la cara de aquel ángel resucitado.
Algunos niños asomaron su cabeza para ver el dibujo de Anna y alguno hasta soltó un silbido como dando a entender que era una pasada de dibujo.
-       ¿Cómo lo has pintado? –le preguntaron algunos compañeros
-       Ella dudo si decir la verdad, optó por la verdad. Lo vi.
Los niños empezaron a darse codazos entre si y a reírse de Anna. ¡Los ángeles no existen! ¡Los ángeles no existen!
-El mío, sí –contestó
Otra niña dijo te has escapado corriendo y has ido a copiar el dibujo de la estatua, que yo te he visto.
Anna enfadada dijo que su compañera estaba mintiendo, que lo que decía no era verdad que ella no se había movido del sitio, y que había sido el ángel el que se había puesto delante de ella para que lo pintase.
-       Yo creo en los ángeles. Y el ángel estaba ahi – replicó Anna
-       Seguro que se habrá ido a pasear por el parque y pronto también vosotros lo veréis.
Los demás niños se pusieron a reír a carcajadas.
Don Ángel para dar por acabada la discordia, les mandó que recogiesen sus utensilios, pues volvían a la escuela.
-Niños claro que existen ángeles acaso no me ven ustedes, y se puso a reír intentando quitar un poco de hierro al tema, -venga no se olviden nada. Aunque no tengamos muy claro si los ángeles existan, hemos de reconocer que Anna ha pintado un ángel muy bello.
Don Ángel no dijo nada pues no quería que los niños increpasen más a Anna, pero se preguntó:- ¿cuándo los ángeles abandonan sus estatuas? 
Por la tarde, Anna celebró su fiesta de cumpleaños. Había una tarta de nata y chocolate, batidos de fresa y helado de vainilla. Anna jugó con sus amigos con la consola de videojuegos. Cuando ya se habían marchado los invitados y ella se fue para su habitación, se dio cuenta que se había olvidado su mochila y su dibujo en el Palacio de Cristal. Seguro que si su mama se enteraba le regañaría pues la mochila se la había regalado como regalo de cumpleaños conjuntamente con la caja grande de colores. Después de cenar, mientras su mama miraba revistas y su papa veía un partido de futbol, Anna se escapó por la ventana. El parque del retiro no estaba lejos de su casa; llegaría antes de que cerrasen las puertas viejas de hierro.
Corrió como una liebre, cuando llegó a las puertas del parque notó que le faltaba el aliento. Siguió corriendo dejando atrás el silencio del lago, las flores que dormitaban, y enseguida llegó al Palacio de Cristal, allí donde habían estado pintando, por la mañana. Miró hacía el lugar donde ella había estado pintando y allí solitaria estaba su mochila. Se acercó esperando encontrar junto a la mochila su dibujo. Pero el dibujo del ángel había desaparecido. Se preguntó si alguien lo habría visto y lo habría cogido; si quizá el viento lo hubiese arrastrado hacia otro lugar. Anna inspeccionó la zona pero no encontró el dibujo, avanzó hacia la zona donde se encontraba la estatua del ángel caído y no lo encontró. De pronto le pareció oír un pequeño suspiro que parecía provenir de la estatua. Se acercó un poco más y le pareció oír otro suspiro, esta vez con más fuerza. Se acercó hasta ponerse enfrente de la estatua.
-¡¿Hola?!-gritó-, ¿Hay alguien ahí?
Un crujido, un ruido, una caída, y entonces surgió ante ella.
Un ángel iluminado de colores espectrales. Era igual al ángel de su dibujo.
Anna abrió mucho los ojos.
-¡Vaya! Murmuró un tanto asombrada
-¿Por qué me miras tan fijamente? – preguntó el ángel, y el asombro impidió a Anna darse cuenta que el Ángel le estaba hablando.
-¿Eres un ángel?-preguntó.
-¿Es que acaso no me ves?-respondió el ángel sacudiéndose las alas. Soy el ángel caído de las nubes. –Sus brillantes ojos oscuros lanzaron una mirada divertida y juguetona a Anna.
-Lo miro con gesto dubitativo-, ¿Son reales los ángeles de las nubes? –preguntó luego.
-Claro- contestó el ángel de las nubes, haciendo un gesto con las manos-. Menos para los adultos que tienen la mente cerrada con muchas ataduras y prejuicios.
Anna asintió.
-¿Puedo tocarte? –preguntó-. Sabes, hoy es mi cumpleaños.
-Si es así, entonces hoy puedes subirte a mis alas- dijo el ángel-. Pero antes debo pedirte un favor. A veces soy un poco patoso, y hoy mis alas se me han enredado un poco.
El ángel se acercó más Anna y ella pudo ver que las dos alas estaban enredadas.
-¡Ay, qué lio! – dijo ella, que también a veces se le enredaba su cabello. Sé lo que es, mi madre me desenreda los cabellos cuando se me lian y no veas los tirones que me da cuando me peina. Anna cogió las alas con mucho cuidado y se las fue desenredado con cuidado. El ángel sólo se quejó un poquito.
-Espero no haberte echo daño- le dijo Anna. Creo que en mi mochila llevó un pequeño peine. Fue en busca de su mochila y sacó un pequeño peine plateado. Le peino las alas con delicadeza y las alas desprendieron destellos como si fueran diamantes o rayos de sol. En mi mundo se dice que las chispas de colores son lo más bonito de la vida. –A mí me gusta mucho pintar con colores –dijo Anna-. Observó satisfecho como sus alas se extendían hacia el cielo. Y las alas de ángel, son muy valiosas porque caen del cielo cuando alguien pide un deseo. Las alas de ángel traen suerte. ¿Tienes alguna?
Anna negó con la cabeza. Nunca había tenido un ala de ángel. Y menos aún caída del cielo.
-Y ¿de dónde sales tú? –quiso saber.
-Hoy de la estatua, pero no vivo aquí, sólo la he utilizado para materializarme y acercarme a ti. Vivo en la nube azul.
-¿Está muy lejos de aquí?
-¡Oh, sí, muy, muy lejos! Está tan lejos que sólo se puede llegar allí volando.
-¿En avión?- Anna no había subido aún en ningún avión. El ángel puso los ojos en blanco.
-¡No, en avión no! Donde yo vivo no hay aeropuerto, no, a la nube azul sólo se llega con la imaginación.
El sol anaranjado ya se había ocultado, y en el cielo, que cada vez estaba más oscuro, ya se iba viendo aparecer una luna redonda y plateada.
-¿Qué? ¿Te apetece que demos una vuelta? -preguntó el ángel. Bajo sus alas y le indicó a Anna donde debía agarrarse para volar.-Venga Anna sube daremos una vuelta.
A Anna le sorprendió que el ángel conociese su nombre pero no le sorprendió que pudiera volar, pues era un Ángel. Se subió a su espalda, se abrazó a sus alas y apretó su carita contra ellas.
Y entonces iniciaron el vuelo.
Enseguida dejaron muy atrás la estatua, el Palacio de Cristal, el parque del Retiro y el aroma de las rosas dormidas. Cruzaron la ciudad y vieron los miles de luces que la decoraban, el Arco de Triunfo, que se destacaba poderoso en el centro de la ciudad, las cuatro Torres que se alzaban brillantes en el cielo nocturno y custodiaban la ciudad. Anna no había visto nunca la ciudad desde arriba. No se imaginaba que su ciudad fuese tan bonita.
-¡Es genial! –dijo- Todo es tan diferente cuando se ve desde arriba; tú lo debes saber bien si vives aquí.
- Está bien mirar las cosas con cierta distancia-dijo el ángel-. Y la mejor forma de hacerlo es desde arriba, o de lejos, o en silencio. Sólo cuando se ven por separado todas las partes se puede apreciar el valor de todo el conjunto.
Anna no entendía nada, pero se apretó contra las alas del ángel cuando hizo un giro rápido de vuelta hacía el parque. El aire veraniego y caluroso, y su pelo moreno ondeaba al viento. Abajo, en el parque, los bancos custodiando las palabras de jóvenes enamorados, y sí en ese momento alguna pareja hubiese alzado los ojos hacia el cielo, habrían visto un ángel dorado llevando una niña entre sus alas y seguramente se habrían quedado paralizados. Quizás esa pareja que hubiese mirado hacia el cielo también podrían haber pensado que aquella forma dorada que atravesaba el firmamento era una estrella fugaz  y habrían podido pedir un deseo.
-¡Estoy tan contenta de que existas!-le dijo Anna al oído al ángel cuando volaban cerca del parque del retiro y el olor de las rosas rojas llego hasta su olfato-. Sabes en el colegio todos mis compañeros se han reído de mí.
-Y yo me alegro de que tú existas, Anna- contestó el ángel- Porque eres una niña muy muy especial.
- No me va a creer nadie –dijo Anna, después de que el ángel la dejará suavemente en el suelo de su jardín.
- Bueno, ¿y qué importa que no te crean?-replicó él-, ¿No ha sido bonito que nos hayamos conocido?
-Increíblemente bonito –dijo Anna, y movió la cabeza con tristeza-. Pero no me van a creer. Nadie se va a creer que he estado con un ángel y que he volado con él.
-No importa -repuso el ángel-. Lo importante es que tú creas en ello Anna. Eso es siempre lo más importante. Escucha siempre a tu corazón Anna.


Se detuvo al lado de la ventana por la que había saltado para ir a buscar la mochila y el dibujo del ángel. Le pareció que había transcurrido mucho tiempo, pero no podía haber pasado mucho porque, a través de la ventana iluminada del cuarto de estar, vio a sus padres igual que cuando se había marchado. No habían notado su ausencia. Su madre continuaba mirando revistas y su padre continuaba atento al partido de futbol.
-¿Volveré a verte?
-No-dijo el ángel dorado- Sólo se ve un ángel dorado una vez en la vida.
-Oh –dijo Anna.
-Pero no debes estar triste por eso. Si me añoras, túmbate en la hierba y espera que pase una nube azul, muy azul con forma de ala. Seré yo. Y ahora, jovencita te has de marchar.
Anna abrazó por última vez al ángel.
-No me olvides ¿vale? –dijo.
El ángel alzó sus alas.
-¿Cómo voy a olvidarte? ¡Tengo tu peine plateado para desenredar mis alas!

Un poco más tarde estaba Anna en el jardín viendo cómo el ángel dorado extendía sus alas, y volaba hacia su nube. Voló más allá de las copas de los árboles, cuyas hojas sonaron levemente con el roce de sus alas, para aparecer por un instante delante de la circunferencia brillante de la luna, antes de desaparecer para siempre en el cielo oscuro de la noche.
-Yo tampoco te olvidaré nunca, Ángel –dijo en voz baja Anna-. ¡Nunca!

Cuando Anna se despertó a la mañana siguiente, el sol entraba iluminando toda su habitación, la ventana estaba abierta de par en par y en el suelo se encontraba su ropa y su mochila.
-Buenos días, Anna –dijo su madre, que a punto estuvo de tropezar con la mochila-. A ver si recoges las cosas y las colocas en su sitio hija.
-Sí, mama, pero es que esta vez ha ocurrido algo diferente –dijo Anna, sentándose en la cama muy emocionada-. Anoche fui otra vez al parque porque me había dejado las cosas de dibujo, la mochila y mi dibujo, todo estaba allí menos mi dibujo que había desaparecido, y luego fui andando hasta la estatua del ángel caído a ver si el viento había arrastrado el dibujo, y entonces me encontré con un ángel dorado que era exactamente igual al que yo había dibujado, y también podía hablar,  mama, era un ángel de las nubes dorado, pero tenía las alas enredadas y yo le ayudé a desenredárselas, y luego me llevó a dar un paseo por el cielo, y volamos juntos, y…-En ese momento, Anna tuvo que coger aire.
-¡Dios mío! –dijo su madre sonriendo, y le acarició la cabeza a su hija-. Menudo aventura has soñado esta noche. Seguro que ha sido por todo el chocolate que comiste ayer en tu fiesta de cumpleaños.
-Pero no, mama, no ha sido un sueño –dijo Anna saltando de la cama-. El ángel dorado estaba en nuestro jardín…, aquí, delante de mi ventana, antes de marcharse volando otra vez hacia el cielo.
Se acercó a la ventana y se asomó para ver el patio, que estaba tranquilo y en silencio, como todas las mañanas.
-Era un ángel del cielo –insistió.
-Un ángel…, vaya, vaya, repitió su madre divertida-. Bueno, entonces me alegro de que te haya visitado tu ángel de la guarda. Y ahora, vístete; papá va a llevarte hoy al colegio.
Anna quiso explicarle más cosas del ángel dorado, pero su madre ya se había marchado de la habitación.
-Esa niña tiene mucha imaginación, David –oyó Anna que decía mientras se dirigía hacia la cocina.
Ella arrugó el ceño y se puso a pensar. ¿Era posible que hubiera sido todo un sueño? Cabizbaja, se puso la falda azul y su camisa blanca y se quedó mirando la mochila, que seguía junto a su cama. La cogió y miró dentro.
Allí estaban la caja de colores, un cuaderno de dibujo con hojas en blanco. Un paquete de caramelos. Faltaba su peine de plata. Y entonces Anna descubrió algo que brillaba en el fondo de la bolsa.
¡Era un pequeño corazón, de color azul!
-Anna, ¿vienes? –oyó llamar a su madre.
-¡Ya voy, mama!
Anna cerró los dedos alrededor del corazón azul y sonrió. ¡Qué sabrán los adultos!
Después de clase iría a ver a su amigo Pim para contarle la historia del Ángel del Retiro. ¡Estaba segura de que él si la creería!



@paraulesambaroma

Badalona, 23 de julio de 2017




18 de juliol 2017

MEFISTOFELES


Hace poco removí los apuntes de la universidad, mientras repasaba aquellos años, acudieron a mi mente algunos de sus ilustres profesores como José Maria Valverde, Rafael Argullol o Manuel Cruz. Las ideas, la estética y la historia gestando una nueva generación de futuros ciudadanos. Ellos, filósofos dialogando, elucubrando argumentos y tesis. Entre los papeles del pasado, me encuentro con unos apuntes subrayados de Rafael Argullol:”...en los ambientes humanistas de Florencia, Prometeo se convierte en símbolo de la capacidad creativa y de la potencialidad divina del hombre. La ambición fundamental del hombre renacentista es descubrir, revelar, mostrar. El Renacimiento sitúa al hombre en un escenario sin márgenes. De esta manera quedan abiertas todas las puertas del descubrimiento y de la creatividad. El Renacimiento lega a los siglos posteriores un sueño de totalidad por el cual el hombre puede alcanzar un saber universal. Más en el sueño de la totalidad se halla incrustada la tiniebla de la nada. De la conciencia de esta doble dimensión surge el alma fáustica. Fausto, el hombre moderno encaramado al nuevo escenario sin límites, se independiza de Dios, se siente héroe de su libertad, está dispuesto a llegar los confines de su conocimiento. Asume plenamente el principio prometeico, aunque percibe su riesgo, su contrapartida: Mefistófeles. Si en la Divina Comedia el cielo y el infierno se hallan situados en el más allá, en Fausto están alojados en el mundo y en el hombre mismo, el cual se debate entre Prometeo, la gran afirmación de la potencialidad humana y, Mefistófeles, su gran negación…” Me quedo unos segundos en silencio, como si acabará de descubrir un tesoro. Continúo leyendo: “Christopher Marlowe, en su libro La trágica historia del doctor Fausto, expone ya las características del alma fáustica al presentar a su personaje como un símbolo del ansia transgresora por conocer y poseer enteramente. Fausto pacta con Mefistófeles el conocimiento y la posesión, aceptando el precio de su condena final. El talante de Fausto requiere la presencia de Mefistófeles, la otra cara, abismal y destructiva, del deseo humano de alzarse hasta lo divino. Lo curioso es que, tantos años después, estos viejos apuntes hayan aparecido entre mis manos. Cuando miro hacia el pasado y recuerdo aquellos años de aprendizaje y conocimientos, pienso que el alma escindida de Fausto se proyecta con más fuerza que nunca en el hombre actual, agigantado su capacidad destructora, incapaz de reconquistar el equilibrio entre el hombre y la naturaleza, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre la ciencia y la consciencia, entre la posesión y la libertad, entre el federalismo y la independencia. Hoy, en la carrera de la humanidad, gana Mefistófeles, Prometeo detrás intentando alcanzar la meta.

@paraulesambaroma

Badalona, 18 de juliol de 2017


22 de maig 2017

FICCION

Sabe que él no necesita hablarle pero ella necesita abocar su corriente gramatical, en la cueva oscura donde habita. Quisiera acercarse a él y aunque fuese un instante rozar su mirada. Quisiera decirle que el tiempo del querer y el del escribir tienen la premura intensa de un sueño. Sabe que nunca le dijo que la necesitase pero ella le recuerda el pasado, le habla de ella, y lo interroga sobre aquello que siempre ocultaron. El impulso misterioso, que desplaza todas sus palabras hacia la gruta. Las palabras descendiendo cubiertas de solicita entrega; las palabras que él no necesita, y que ella necesita para volar.
Ficción, le dice desde dentro de su cueva. Mucha ficción, mucha fantasía dice dejando que su voz caiga verticalmente en su cabeza, susurros de un protagonista engañoso y tenaz. Recuerde, él es ficción, él no la necesita, él es un espíritu incorpóreo, confluyente, superpuesto en una delirante trama de personajes, escenas, tiempos y espacios.
Se asoma, se acerca más a la caverna, y con cada acercamiento aumenta el riego de caída, alarga las manos y llega hasta él, lo siente, lo toca, y sostiene el rostro ficticio entre sus manos. Su cuerpo frente al cuerpo irreal, sujetos ambos por palabras, palabras que manan de una boca manchada de azul. El ficticio la besa, lentamente. La suelta de las manos, no la necesita.

@paraulesambaroma

Badalona, 22 de mayo de 2017

16 de maig 2017

ALTERIDAD

Ella se sintió incomoda, ¿por qué? No lo sabía, hurgaba en las profundidades de su psique intentando encontrar una respuesta que no hallaba. Nunca fue mujer de contacto cercano, la distancia y ella; ella y el silencio. Estaba bloqueada, un trozo de mármol sin cincelar, agarrotada, paralizada. Las miradas tocan, los gestos tocan, quizás existía la remota posibilidad que aquella mirada fija hubiese revivido, de su subconsciente más subconsciente, la cicatriz guardada. Se levantó de la jarapa y dejó su cuerpo acomodado entre los cojines para que nadie pudiese notar la ausencia. Abrió la ventana y escapó. Necesitaba aire, necesitaba respirar. En la primera papelera que encontró arrojó la incomodidad del recuerdo, pero lo vio saltar, y colarse de nuevo en su interior. Entró en una farmacia y aunque sabía que era un dicho cursi pidió tiritas para el alma, la farmacéutica que la atendió, la miró y enseguida comprendió que no se trataba de una broma, y le dio la caja más grande. Bajó por el paseo y llegó hasta el puerto. Se subió en una lancha motora, y dejó que el viento del mar y las gotas saladas refrescaran su rostro.  Oyó de lejos que nada más le quedaban dos minutos de libertad, y que debía regresar allí: a la jarapa, a su cuerpo, a sus ojos, a encontrarse de nuevo con el recuerdo que le quemaba el alma. Cerró los ojos, como los muertos, y de la negrura resucitó otra mujer. Se levantó ensimismada de la jarapa, se miró en el espejo y no la reconoció. Otra igual a ella la miraba, pero ella sabía que esa no era ella. Se arregló sin prisas, medias negras y un vestido con cremallera en la espalda; se maquilló y se pintó los labios para matar. Así pues la otra sin vacilaciones, lo busca, se sienta delante de él, las piernas quedan situadas a la altura de sus ojos; sus piernas enfundadas en finas medias negras se balancean insinuantes; lo provoca; quiere que él tenga ganas de tocarlas; quiere ponerlo furioso. Siente como la mira. Él duda. No sabe que hacer; pero sabe que quiere tocarla, arrancarle la ropa, morder sus labios, beber sus pechos. Ella, lo conoce, y adivina lo que ocurrirá si él decide levantarse del sillón. Se acercará por detrás, callado, introducirá las manos por los cabellos y los revolverá un poco, apenas un gesto inocente, juguetón; le acariciará los hombros, el cuello con la yema de los dedos, como si sus dedos fueran plumas, de forma tierna y suave; le rozará el lóbulo de la oreja; lentamente, le cogerá las manos y la levantará del sillón, bajará su mano por el brazo, lo rozará como si fuera seda; rodeará con sus manos la cintura, la estrechará contra él provocando el acercamiento posesivo; bajará la cremallera del vestido, aumentando la escala del deseo en cada punto de su columna vertebral; sus hombros quedaran desnudos, los acariciará, los besará, y la piel estremecida enloquecerá.
El silencio se transforma en gritos y en quejidos; no hay distancias; el tiempo se ha detenido en la otra. La alteridad ha permitido el acercamiento de dos realidades contrapuestas.
La ventana se cierra de golpe. Él se marcha.
Ella se levanta de la jarapa, va al cuarto de baño, se mira en el espejo,  no sé reconoce, y se pregunta ¿cuál de las dos es ella?

Badalona, 16 de mayo de 2017



09 de maig 2017

UNA JOYA: BADALONA

Una joya: BADALONA

Una palabra navega. Pescadores con viejas redes arrastradas en la arena tostada. Los caballitos de mar multiplicándose. Un puente, sin candados, dañado. El mono aferrado a su botella. Los deportistas y los bañistas despreocupados. Sola y soleada, o acalorada. Un poco más allá las lanchas, los veleros, los barcos apegados en el puerto; un poco más arriba algún turista perdido y el silbido del tren. Al final tres torres solitarias, pitagóricas, trinitarias; simbología de ciudad industrial; retratadas en blanco y negro. La gente pasea sin prisas, sin importar de dónde vienen y a dónde van. Mi paso es ligero por estar enredado en la trama de mi pensamiento. Badalona, ciudad de mar. Badalona, ciudad acogedora. Epicentro de solidaridad. Alfombra de luz sobre el mar azulado. Me paro. Sentada en un banco contemplo el balanceo del mar, la vida, tú sabes. Colorido de arena dorada, de alegres palmeras que miran la mar. Familias y niños y enamorados paseando la Rambla. Y arriba, mucho más arriba, relámpagos de pasado donde cada ciudadano encuentra restos de historia, el relato de Venus, la fe medieval del destino. Y en esas piedras, un oráculo, sentenció su destino, fue la forma en que los dioses agraciaron a la ciudad con la joya del mar.

@paraulesambaroma


Badalona, 9 de maig de 2017

28 d’abril 2017

LA CAVERNA

Vuelo con alas ligeras que cuelgan de mi espalda; aires angelicales deslizan sus manos invisibles sobre los lunares de mi piel. Vuelo esquivando inclinaciones cargadas de propósitos endiablados, soles calientes redondos, aire modular esperando la presencia nocturna de faros remotos. Segundos robados en nocturnidades de escasos silencios.
Momentos de noche cercando sus ojos, sus ojos cercando mi curiosidad, mi curiosidad rozando el misterio. Son en esas horas donde el misterio adquiere para mí un valor poderoso, es consigna literaria de amor i belleza.
Y usted en la caverna, y usted envuelto en silencio.
Pero usted, hombre azul, me da mucho más que lo que cuentan hadas galácticas o duendes chiflados, me da lo que sueñan los dioses y tientan los demonios. Y mi energía creativa, mi éter sagrado se crece ante su voluntad, y las palabras aventureras avanzan alegres hacia las nubes.
Usted se enreda entre los mecanismos más complicados de la mente, de la belleza creativa. Y en ese territorio, sólo a usted veo. Lo veo en la caverna, parado, callado. Y su aroma se propaga como fuego por mis ojos, por mis cabellos. Cierro los ojos y viene su música, viene ahora una melodía, luego otra, y me sacude el alma, erizando mis sentidos. Lo escucho y me lleno con sus notas. Lo intuyo, lo palpo.
Usted, la única realidad que habita la caverna.    
@paraulesambaroma


Badalona, 28 de abril de 2017
 
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