PARAULES AMB AROMA

Tinc una planta i l'acabo de batejar amb el nom d'Aroma. El seu perfum embriaga de tal forma que les hores es desdibuixen en un temps, on les agulles del rellotge marquen minuts inexistents. Les seves fulles desprenen energies que no es deixen veure però que impregnen l'espai de poesia. Aroma és menta, aroma és amistat.

21 de febrer 2011

EL HOMBRE PERVERSO

3.- El hombre perverso,


Me dirigía hacía Roberto, cuando sin esperarlo José se cruzó en mi camino. En la actualidad el Sr. José Xugué debía estar rondando los cuarenta años aproximadamente. Nunca me gustó su voz, ni sus palabras ni su mirada. Ni tampoco aquella amabilidad delicada que le sirvió para ocultar tantas cosas y diseñar tantas mentiras. Al verlo otra vez, después de los acontecimientos transcurridos años atrás, sentí que me costaba respirar y que el sudor se apoderaba de mis manos. Necesité beber agua. Me pareció que Roberto estaba muy lejos con la copa de cava en la mano. El estomago se me revolvió. Pasé por su lado y para no ser descortés le dirigí un breve saludo. Me alejé de su presencia a toda velocidad; porque no es cierto que el tiempo lo cure todo.

De golpe aparecieron en mi memoria todos los años de trabajo compartido; sus intrigas, sus desordenes, sus ambigüedades, sus perversiones ocultas. El Sr. Xugué fue, durante muchos años, un hombre peligroso que supo disimular su perversión bajo una aparente complacencia y simpatía hacía sus mandos superiores, y así supo engañar con sus dulces maneras a todos los que no llegaron a conocer su auténtica personalidad. Mentiroso, simulador, pelota y cobarde se dedicó a lo largo de diez años a subir peldaños en la empresa además de intentar matarme de manera lenta y refinada, día a día, segundo a segundo. Nunca hubo pruebas, era su palabra contra la mía. Así lo sentenció el juez. Cuando había testigos presénciales sabía muy bien disimular sus comportamientos, de manera que éstos impidiesen vislumbrar la negrura de sus pensamientos y la maldad de sus acciones.

Había pasado el tiempo pero en mi alma todavía quedaban secuelas de los daños producidos. Aquellos hechos lejanos todavía continuaban siendo cercanos.

Cogí la copa que Roberto me ofrecía y me la bebí de un tirón. Creo que Roberto percibió mi nerviosismo pero no me dijo nada. Tiempo después descubriría que a él no le gustaba hacer preguntas, y que prefería que las personas le explicasen aquello que querían compartir.


Badalona, 21 de febrer de 2011



 
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