PARAULES AMB AROMA

Tinc una planta i l'acabo de batejar amb el nom d'Aroma. El seu perfum embriaga de tal forma que les hores es desdibuixen en un temps, on les agulles del rellotge marquen minuts inexistents. Les seves fulles desprenen energies que no es deixen veure però que impregnen l'espai de poesia. Aroma és menta, aroma és amistat.

10 de juliol 2012

KING KONG A BADALONA



Verano y vacaciones. Sol y sed de mar. Llego a la playa, temprano. Me desvisto y exhibo mi nuevo bikini brasileño. Extiendo la toalla, cargada de vivos colores, en la arena caliente. Me siento divina de la muerte y enciendo un marlboro. Me pongo mis Ray-Ban y me conecto el ipop. El mar es una balsa calmada con líneas doradas. Cierro los ojos y me dejo abrazar por el soul sensual de Johnny Gill.

El sol se resbala por mi cuerpo embadurnado de protección solar. Abro los ojos y veo una botella en la orilla del mar. Me levanto empujada por la curiosidad, y me aproximo hasta ella; es una botella acristalada de Anís del Monto sin etiqueta, en su interior una nota arrugada. Mi agitada curiosidad se impacienta por mirar el secreto papel. Lo abro con cuidado no se vaya a romper. Leo. Regreso a la toalla y saboreo las mediterráneas palabras. Entorno los ojos. Al cabo de un rato, no sé si medio despierta o medio dormida, veo salir de la misma botella un simio extremadamente peludo. Pienso:- Por Dios, el genio de Aladino, se ha convertido en un gorila. King Kong ha llegado a Badalona!

Miro patidifusa al macaco. El mono extiende sus alargados miembros y comienza a caminar hacia mí. Me hago liliputiense en la toalla, siento mis pies inmovilizados, intento gritar y no puedo. Con cada una de sus pisadas el mono se desprende de una parte de su abundante pelaje y a medida que se va acercando a mi toalla, percibo que su cráneo disminuye, que camina más erguido, que su musculatura y sus facciones evolucionan sonrientes, de tal forma que a menos de cien metros de mí, King Kong se convierte en un hombre Armani.

Al otro lado de mi toalla, una cálida voz, me pregunta qué hora es; para ver con más claridad me quito las Ray-Ban de imitación. Miró el reloj digital y respondo a la señora que sólo falta un minuto para los doce del mediodía, y como Cenicienta veo que todo a vuelto a la normalidad. No hay macaco, no hay botella, no hay chico Arman ni Martini pero si hay, un mar Badaloní, para dejarse llevar.

Badalona, 10 de julio de 2012


 
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