PARAULES AMB AROMA

Tinc una planta i l'acabo de batejar amb el nom d'Aroma. El seu perfum embriaga de tal forma que les hores es desdibuixen en un temps, on les agulles del rellotge marquen minuts inexistents. Les seves fulles desprenen energies que no es deixen veure però que impregnen l'espai de poesia. Aroma és menta, aroma és amistat.

22 de març 2017

HOMBRES, HOMBRES,HOMBRES

Hay hombres que se levantan así: enigmáticos, maniáticos, caóticos, poderosos, ostentosos, silenciosos, cariñosos, embusteros, hechiceros, carniceros, sensibleros.

Hay hombres con palabras, hay hombres con silencios.
Hay hombres gramaticales, verbalizados, verbales.
Hay hombres introspectivos, reflexivos, pensativos.
Hay hombres alocados, insensatos, descuidados.
Hay hombres casa y hay hombres castillo.
Hay hombres pirámide y hay hombres base.
Hay hombres nube y hay hombres ángel.
Hay hombres sol y hay hombres luna.
Hay hombres tristes y hay hombres alegres.
Hay hombres frutales y hay hombres otoñales,
Hay hombres naranjas y hay hombres plátanos.
Hay hombres peces y hay hombres pájaros.
Hay hombres lobos y hay hombres corderos.
Hay hombres leones y hay hombres gatos.

Hay hombres gordos, flacos, altos, bajos, guapos, feos, torpes, listos, ordenados, desordenados, reflexivos, irreflexivos, insensatos, atolondrados, orgullosos, vanidosos, resignados, campechanos, cartesianos.
Hay hombres políticos, sociales, culturales, puntuales, educados, serios, rectos, respetables, honorables, idealistas, existencialistas.
Hay hombres creativos, soñadores, imaginativos, alegres, curvos, fantasiosos, noveleros, desenfadados, ingeniosos, graciosos, venenosos.

Hay hombres corpóreos y hay hombres espirituales.
Hay hombres con áurea y hay hombres con sombrero.
Hay hombres erguidos y hay hombres agachados.
Hay hombres erectos y hay hombres fofos.
Hay hombres pobres y hay hombres ricos.
Hay hombres perfectos y hay hombres irregulares.
Hay hombres desabrigados y hay hombres abrigados.
Hay hombres despojados y hay hombres trajeados.
Hay hombres remotos y hay hombres fronterizos.
Hay hombres laberintos y hay hombres planos.
Hay hombres invisibles y hay hombres evidentes.
Hay hombres buenos y hay hombres malos.
Hay hombres de paz y hay hombres de guerra.
Hay hombres de papel y hay hombres de tijera.
Hay hombres de verdad y hay hombres de mentira.
Hay hombres matemáticos y hay hombres letrados.
Hay hombres que besan y hay hombres besados.
Hay hombres que enamoran y hay hombres enamorados.
Hay hombres Quijotes y hay hombres Panza.
Hay hombres de fe y hay hombres de duda.
Hay hombres de ciudad y hay hombres de aldea.
Hay hombres con aroma y hay hombres sin olor.
Hay hombres naturales y hay hombres artificiales.

Hay hombres que sollozan y hay hombres que sonríen.

Hay hombres negros, oscuros, tenebrosos, opacos, cerrados, nocturnos, endiablados, y hay hombres blancos, brillantes, luminosos, transparentes, limpios, diurnos, claros.

Hay hombres, sólo hombres y todos ellos, graciosillos antropoides corporativistas, coleccionistas, cuentistas.

Hombres, hombres, hombres


@paraulesambaroma



Badalona, 22 de marzo de 2017

LA MÁSCARA

Abrió el armario y eligió el vestido negro sin mangas. Sus brazos desnudos, su cara tapada. De los trajes colgados se descolgó su aroma. Su mente guardaba bajo el colchón el recuerdo. La transparencia de sus manos de pianista, las mismas que tantas veces le habían susurrado partituras de humo; la negrura rebelde de sus ojos; el eco de su boca inmortal. Cerró el armario para silenciar esa orquesta, para hacerla callar. Se quitó la máscara y vio sus ojos cansados y otras líneas que trazaban nuevas geometrías, no le gustó lo que vio. El tiempo saqueando rostros y recuerdos. Se arregló los cabellos, los recogió en un moño dejando una abertura central para que pudiese respirar la imaginación. Abrió la bolsa del maquillaje, empolvo el rostro de rosa, los ojos de marrón, redondeó de dorado los pómulos y alargó las pestañas hasta rozar el cielo. Se miro al espejo y dio por finalizado el disfraz; las plumas blancas y el antifaz negro en posición correcta, el vestido sin pliegues, la máscara perfectamente restaurada, abierta a descubrir otros mundos, otros olores, otros sabores. Llegó a las diez en punto. Engalanada y enmascarada. Se encontró con los otros enmascarados, se miraron a los ojos, a ver quién conocía a quién, y la duda les inspiró desconfianza. Las notas del piano suavizaron el ambiente y el baile aproximó a los desconocidos. El extraño se acercó sigiloso, intentando que sus pisadas no interfirieran con la melodía. La miró. Ella vigilante, lo estudió. Sus ojos rebeldes, un poco achinados, ojos despiertos, curiosos, el izquierdo con más brillo que el derecho, ojos espías, de conocimiento, de historias y letras, de viajes y conquistas. Ojos agitados, que piensan, que imaginan cuando leen, que perciben lo invisible, que le dan sentido a la palabra y a la vida. Y así hilvanando sus pensamientos en los ojos de aquel desconocido vio el mar. Se situó delante de ella, alargó la mano y la invitó a bailar. Con cada giro de vuelta sintió como la mirada del hombre se iba acomodando en su iris; percibió una extraña fuerza apresándole la retina, ciñéndole la cintura, sujetándole la nuna (1); una desmedida curiosidad se filtró por su piel, a quién pertenecía aquella mirada oculta tras la careta africana. De pronto, un deseo con prisas se abalanzó sobre la máscara y la retiró. De pie en el salón de espaldas a la noche, se arrepintió. Había saltado del colchón. El anónimo, siempre paralelo a su vida, con sus ojos de norte y su boca atlántica había vuelto a trastocarla. Cerró el armario y se desvistió.

(1) Nuna: espíritu, alma en Quechua (Perú) 

@paraulesambaroma


Badalona, 22 de marzo de 2017


 
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