PARAULES AMB AROMA

Tinc una planta i l'acabo de batejar amb el nom d'Aroma. El seu perfum embriaga de tal forma que les hores es desdibuixen en un temps, on les agulles del rellotge marquen minuts inexistents. Les seves fulles desprenen energies que no es deixen veure però que impregnen l'espai de poesia. Aroma és menta, aroma és amistat.

03 d’abril 2017

LA FOTOGRAFIA

Bajo por la calle Lledó y continuo recto. Me encuentro sin esperarlo en la plaza de San Justo y Pastor, al lado derecho hay una iglesia de la época medieval y un grupo de turistas haciendo fotografías. Comienza a atardecer y la luz adquiere un tono extraño, una oscuridad fantasmal que intenta hablar, que quiere abrazar los vacíos que pugnan por callar. Y aparecen fantasías complementarias iluminando el cuarenta y siete de un viejo edificio desocupado, la conversación de una desconocida que al pasar por mi lado menciona a Sireno y Julio Verne, las esculturas que alumbraron su nacimiento, y son esos indicios los que van agrandando los cascabeles sonoros de mi alma. Entre los turistas, uno de ellos, alto y moreno, se gira y me pide que les haga una fotografía de grupo. Y en un instante fugaz, en la proyección de mi ojo en el objetivo, en ese agotamiento persistente de mi mente, lo diviso, entre los rayos de luz que capta la cámara, escondido entre ellos. El foco proyecta su boca, sus labios, y me paro ahí, en sus labios, y desenfoco la imagen, y lo beso.

@paraulesambaroma



Badalona, 3 de abril de 2017

RUPERT: EL DUENDE AZUL




Cristal se levantó a las siete, fue al cuarto de baño, cerró  la puerta y se duchó. En la temprana intimidad del cuarto de baño, Cristal abrió el bote mágico de aceite de violetas y vertió siete gotas en la hoja de papel, cogió el secador y secó las gotas violáceas. Después, volvió a colocar el frasco al final del armario. La hoja estaba lista para volar.
A las diez de la mañana, Cristal estaba sentada en la mesa del despacho, archivando expedientes y realizando otros quehaceres. En ese momento abrió la puerta Lola, y dejó un sobre encima de la mesa. Cuando miró vio que no iba dirigido a nadie, lo giró y leyó: el duende azul, el remitente. Sintió una voz en su cabeza incitándola a abrir el sobre. No estaba segura sí sería correcto abrirlo, y mientras valoraba la posibilidad rasgó el sobre. De su interior extrajo una hoja que desprendía un extraño aroma. La letra era redondeada y leyó:
“Érase una vez un lugar llamado cuentilandia, allí donde el cielo se une con la tierra, allí vive el pequeño Rupert, un duende de color azul que siempre lleva consigo una olla repleta de oro, pero Rupert es un duende invisible a los ojos de los humanos. La única manera de poder verlo es cuando aparece un arcoíris, pues es el puente de unión entre el cielo y la tierra.
Rupert tiene los cabellos largos, un sombrero negro y un traje azul. Vive al final del arcoíris. Es un duende muy inteligente y escurridizo, y a pesar de que su apariencia es juvenil, tiene alma de viejo. A veces hay humanos que lo llegan a ver, pero en el más mínimo descuido vuela. Se cuenta, que la única manera de poder capturarlo es mirarlo fijamente a los ojos, y mientras él te mira tienes que aprovechar ese descuido para atarle el pie derecho con una cuerda gruesa; para liberarse Rupert siempre ofrece su olla llena de oro como recompensa. Pero como Rupert es experto en travesuras y engaños aprovecha cualquier despiste para distraerte, y ante tu primer pestañeo Rupert ya te ha quitado las monedas y ha escapado; dejando un leve aroma de violetas como señal efímera de su presencia.
Cristal cogió la hoja entre las manos y la olió. Aparece, aparece duendecillo, pero sus labios no se movieron sólo fue un pensamiento travieso que se deslizo por su mente;  a pesar de que sabía que los duendes no existían le gustaba jugar a imaginarlo. Concentró la totalidad de su pensamiento, de su cerebro, de sus neuronas y de su voluntad en preguntarse quién habría enviado el sobre, seguro que habría sido una equivocación. De pronto junto al ordenador, lo vio con traje azul y  sombrero negro cayéndole hasta casi taparle los ojos, luego lo vio quitarse el sombrero y cruzárselo por delante de él, como si la estuviera saludando. Le pareció ver que por detrás de sus brazos aparecían dos alas livianas, y lo vio saltar por las letras del teclado y luego lo vio a menos de veinte centímetros de sus ojos, con una sonrisa traviesa bailando en su boca.
Cristal se quedó con los ojos abiertos como platos, como se suele decir. No dijo una palabra se quedó pasmada. No podía vocalizar. La impresión de ver un duende la había dejado sin palabras. Miraba boquiabierta el duende, se retiró un poco, cogiendo distancia, como si fuera un objeto peligroso. Lo miro detenidamente. Vio que el duende tenía el rostro afable y reía. Los ojos achinados y los cabellos largos. Cristal seguía atónita, los ojos desencajados y brillantes, y continuaba sentada sin hablar, en aquel silencio, sólo el pequeño aleteo de las alas del duende.
Y entonces de repente se abrió la puerta y entro Herder, su compañero de trabajo.
-Estás bien –le preguntó. Estoy bien, no pasa nada.
-Me ha parecido verte como un poco sorprendida –dijo Herder.
-Lo estaba- pensó en silencio, volaba hacia las nubes con las alas de un duende azul y ha sido alucinante.
-No te preocupes Herder, estoy bien gracias.
Cristal cerró los ojos y los mantuvo cerrados un instante y, cuando los abrió, un brilló azul apareció en su rostro, pero Herder no lo percibió, sólo un olor atlético a violetas volaba en el ambiente.
Fin
Badalona, 2 de abril de 2017



  
 
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