CUIDATE

Nos conocimos con brevedad, un segundo y en el minuto siguiente usted ya había desaparecido como por arte de magia. Tengo que decirle que tuvo la descortesía de marcharse sin decir adiós; de no sospesar sus acciones, de dar besos sin valor y lanzar palabras puntiagudas. Y ahí está la cuestión, no sé si voy a saber explicárselo, pero al menos lo voy a intentar: su palabra se me clavó traspasando mi escudo protector y, se coló en mis aposentos; desde entonces ando como loca, haciendo disparates que ni se puede imaginar. No sé a qué hora me acuesto ni a qué hora me levanto, ni si es de día o de noche, si hace frío o si hace calor. Y sabe: su palabra lleva instalada tanto tiempo en mi recámara que se ha convertido en parte de mi alma. Su palabra y yo sonamos a repique de campanas, y sé que mientras escuche sus vibraciones me será imposible morir. Su palabra suena y mi día se convierte en melodía. Escribo, ya lo sabe. Y es en este tiempo donde aparece su sonrisa tan rectilínea, tan pecul...