PARAULES AMB AROMA

Tinc una planta i l'acabo de batejar amb el nom d'Aroma. El seu perfum embriaga de tal forma que les hores es desdibuixen en un temps, on les agulles del rellotge marquen minuts inexistents. Les seves fulles desprenen energies que no es deixen veure però que impregnen l'espai de poesia. Aroma és menta, aroma és amistat.

29 de març 2017

LA TIENDA DE CRISTAL



En la puerta había colgado un cartel que decía:- he salido un momento, vuelvo en cinco minutos. Justo cuando Anna y yo nos girábamos para marcharnos apareció Cristal. La silueta de Cristal era delgada, bajo sus largas pestañas surgían un par de ojos verdes sonrientes y soñadores. Una media melena rubia descansaba en sus hombros. Abrió la tienda y entramos. Nada más entrar nos invitó a tomar una taza de té de frambuesa y canela.  Me llevé el té a los labios estaba en el punto que a mí me gustaba, más bien, templado. Cristal nos comentó que se trataba de una nueva variedad de tés aromáticos con propiedades medicinales. Nos bebimos el té y nos fuimos a visitar la tienda. En el techo colgaban atrapadores de sueños, algunos estaban fabricados con madera de arce, otros estaban hechos a mano, los había de diferentes medidas y colores, también pendían del techo móviles con estrellas de trapo, y soles de papel crepe metalizados. Mi amiga Anna se fijó en una pequeña bolsa, de seda rosada, que llevaba bordada la inicial A, la boca de la bolsa quedaba cerrada por un delgado cordón lila, a ambos lados de la letra estaban dibujados unos pequeños ramos de flores silvestres, en su interior había una pastilla de jabón de manos que desprendía olor a lavanda. Anna me acercó la pastilla de jabón para que la oliese, y al olerla sentí una agradable sensación de bienestar. Cogí dos bolsas como recuerdo, una para Anna y otra para mí.

Entre cojines de seda, velas, espejos, libretas forradas con telas, lapiceros de madera, cohabitaban también las fragancias de Cristal. Una antigua vitrina de madera guardaba en sus estantes todo un conjunto de las más variadas botellas de vidrio. Me recordaron los antiguos frascos de farmacia. Cristal nos anunció que si queríamos podía prepararnos el perfume de nuestro signo zodiacal. Anna enseguida le acepto la propuesta, y le dijo marchando un perfume para una tauro testaruda. Cristal cogió una pequeña botella redonda con un tapón alargado y comenzó a añadir diferentes líquidos: dos gotas de jazmín, dos gotas de azahar, una gota de rosa, una gota de azucena y otra de peonía. Y una vez preparada la mezcla pidió a Anna que le diese su mano, se la giró boca arriba, dejándole caer siete gotas en la muñeca. Le preguntamos el porqué de esas siete gotas, y nos dijo que el siete es un número mágico y espiritual que contiene el número sagrado del 3 y la fuerza terrenal del 4.  Anna me alargó la palma de la mano para que oliese su fragancia zodiacal y sentí un aroma vertiginoso despertando todos mis sentidos y pensé: - mujer, mira tus manos y verás un mundo en ellas, huele tus manos y olerás las estrellas. Estaba yo abstraída en mis abstracciones cuando oí a Cristal que me preguntaba cuál era mi signo zodiacal, enseguida le respondí que yo era una mujer tradicional para las colonias y que siempre me gustaba usar la misma. Se aproximó a mí con un cierto aire de misterio, y me dijo que  para una acuario soñadora como yo, me debían gustar los perfumes que despertaran el olor de la sexualidad. Anna y yo nos pusimos a reír.

Seguimos visitando la tienda. Un reloj de pared marcaba las siete de la tarde. Me paré en la sección de hierbas aromáticas y aproveché para comprar canela en rama para los dulces, tomillo para la bronquitis de mama y pasiflora para bautizar el insomnio. Me giré y vi a Anna sentada junto a Cristal en un pequeño sofá de terciopelo rojo, delante de ellas estaban extendidas las cartas del tarot. De reojo vi la carta del colgado y me olió fatal. En ese instante me acordé de mi abuelo y de su afición a la astrología y a las ciencias ocultas, recordé cuando me contaba cuentos de miedo y me decía que él tenía ojos en la espalda para ver más allá, me pareció percibir el olor de sus habanos. Al aproximarme a ellas detecte un extraño brillo en los ojos de Anna. Le pregunté que le habían adivinado las cartas, y me contestó que le pesaban demasiado los parpados para ver la realidad, que debía abrirlos y ver otros mundos. La tienda de Cristal, sin lugar a dudas, era la expresión de su propia personalidad. Abrazamos a Cristal y nos despedimos; en nuestros bolsillos bailando la fragancia alegre de la primavera. 

Badalona, 28 de marzo de 2017

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