PARAULES AMB AROMA

Tinc una planta i l'acabo de batejar amb el nom d'Aroma. El seu perfum embriaga de tal forma que les hores es desdibuixen en un temps, on les agulles del rellotge marquen minuts inexistents. Les seves fulles desprenen energies que no es deixen veure però que impregnen l'espai de poesia. Aroma és menta, aroma és amistat.

23 de febrer 2017

PARIS

Nubes de cielo anuncian con marcharse lejos, viajando hasta el cuerpo resistente de la Torre Eiffel. Miles de estrellas brillantes presencian el acontecimiento. Ya se desviste de la armadura de hierro y se cuela en mi mente. Llegó. Trato de escuchar, esfuerzo grato de imaginación, sus pasos ligeros y juguetones, entre la multitud de visitantes del Louvre. Está, su visión, aquella que ya no recuerdo, me hace mirar al hombre que utiliza el compás, provocándome una ternura inconfesable que me lleva a viajar sobre sus coordenadas, hoy y mañana. Nubes. Cielo. El juego de sus apariciones, su proceso oculto acercándose a mí. Sus provocaciones veladas. Su espalda, acogiendo el revuelo que forman sus cabellos, negros, negros café, hojitas revoltosas que el viento mueve a capricho. Sus manos, sus bellas manos, manos de melodía las llamó, porque yo dije que parecían manos etéreas de pianista. Sus manos vuelan de mí desde la mirada de sus ojos; sus ojos intensos y la forma como los deja penetrar sin que parezca que me miran. Su cintura alfarera, moldeada de barro y mar; su cuerpo todo alejándose, transitando autoritario y bello, extrovertido, impetuoso. Pero sé que no acudirá a la cita pictórica. Fue una licencia mía, fantasiosa si lo prefiere, literaria también, un experimento quimérico y artificial de crear con sublimación y magia lo que nunca existió. Paris. La Torre Eiffel, símbolo de la mujer fortalecida entre las columnas inflexibles de su soledad, diminuta soledad acompañada de la mano amiga. Desciendo cada uno de los pisos metálicos esperando oír sus pasos tras de mi. Abro mis ojos y no está entre la multitud de viajeros que visitan la Torre, ni en las salas del Louvre, ni entre las plantas del jardín botánico. Ángel bello al que devotamente atraje a mi mente, mi ángel invisible y eterno, cierto en sus juegos fieros, certero en sus arrebatos y en sus vuelos. Ser de nube ¿Qué te hice? ¿Qué te ocurrió? ¿Por qué tanto silencio? ¿Por qué tantas nubes sin luz? A esta hora del día las nubes de Paris son pasajeras, inquietas, cielo gris, estela de pisadas endiabladas.

@paraulesambaroma



Badalona, 23 de febrero de 2017

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